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Los hijos y el manejo de las emociones...


Las emociones son la forma en la que nuestro cuerpo nos puede avisar cómo se siente y casi siempre están conectadas a respuestas conductuales. Todas las emociones tienen una función importante para nuestra supervivencia. Por lo tanto, lo que necesitamos aprender a manejar no es la emoción como tal, sino la acción que llevamos a cabo tras la emoción. Esta respuesta depende tanto de nuestros genes como de nuestra experiencia.

Al manejar de forma consciente las emociones, dejamos que fluyan y logramos recuperar un estado físico y mental estable. También al hacerlo, estamos construyendo relaciones fuertes tanto con los demás como con nosotros mismos. Es esencial ponerle nombre a las emociones, identificar nuestra respuesta corporal y asociarlas, para después vincularas con lo que las detonó y por lo tanto entender y finalmente expresar de forma clara lo que nos llevó a sentirnos así.

Las emociones son los avisos que nuestro cuerpo emite para hacernos saber sobre su estado. Comienza con reacciones químicas que se desencadenan por situaciones y que a su vez generan diferentes respuestas en nuestro organismo para actuar frente a dicha situación. Las respuestas que vamos a tomar frente a cada emoción va a depender de nuestros genes y de nuestra experiencia. Comúnmente se piensa que las emociones pueden ser negativas o positivas. Por ejemplo, el enojo y la tristeza muchas veces forman parte de las “emociones negativas”, bajo la creencia de que nos hacen daño. De la misma forma, se fomentan las emociones como la felicidad.

Sin embargo, todas las emociones son importantes y cada una de ellas es necesaria para la supervivencia. No son ni buenas ni malas, simplemente son. Es importante entender que el riesgo no está detrás de la emoción, sino detrás de lo que hacemos frente a esa emoción. Por lo mismo, podemos encontrar formas de expresar las emociones de tal forma que estas puedan fluir libremente y conscientemente por nuestra mente y cuerpo. A través de esta expresión asertiva nos logramos conocer, amar, cuidar y vincular con la gente que nos rodea.

Es importante aclarar que el manejo de emociones se trabaja a lo largo de toda nuestra vida. Sin embargo, si desde pequeños lo aprendemos nuestro desarrollo se puede llevar a cabo de forma más amena. Como se mencionó anteriormente, las emociones nos avisan que algo nos está sucediendo. Por lo tanto, el manejo de emociones es en otras palabras estar consciente de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro entorno, para identificar y expresar lo que estamos sintiendo. Por ejemplo, no quiero evitar estar enojada con mi hijo, y sí quiero evitar pegarle a mi hijo. ¿Cómo podría manejar mi enojo? Identifico la sensación corporal, me detengo, le pongo un nombre, y lo expreso de forma consciente: “Hijo, me hace enojar cuando siento que no me escuchas”.

Es de suma importancia tener un buen manejo de emociones, pues todos sabemos que somos seres sociales. Por lo general, cuando respondemos a una emoción de forma impulsiva con otras personas, lo que realmente estamos haciendo es dañar nuestro vínculo con esa persona y con nosotros mismos. ¿Cuántas veces no nos pasa que nos sentimos muy culpables por haber lastimado o herido los sentimientos de los otros?, pues también estamos dañando nuestra relación con nosotros mismos. Nos estamos diciendo “No tengo la capacidad de detenerme. Soy violento.” ¿Qué nos estaríamos diciendo a nosotros mismos cuando tenemos un buen manejo emocional? “Tu puedes”.

Además de eso, cuando logramos expresar de forma clara y congruente lo que sentimos, entendemos; y cuando entendemos, nuestro cuerpo regresa a su estado armónico. Ya no necesita estar alerta. Para poder aprender a regular nuestras emociones, primero necesitamos ponerle nombre a las más básicas: Miedo, Sorpresa, Aversión, Ira/Enojo, Alegría y Tristeza.

Cada una de éstas tiene una función:

Miedo – Protección Sorpresa - Orientación Aversión - Rechazo Ira/Enojo - Protección Alegría - Repetición Tristeza – Reintegración Personal

Al saber de su existencia, es como conocer el alfabeto. Si no tenemos letras, no podemos usar el lenguaje. Saber que existen todas estas emociones nos da la posibilidad de identificarlas. Sin embargo, muchas veces sabemos el nombre de la emoción y no logramos reconocerla en nosotros.

Para ello, tenemos que escuchar nuestro cuerpo y observar sus conductas. Puede ser que tenga alguna de las siguientes respuestas: temblor, sudoración, calor, cambios en el ritmo de la respiración, aumento del ritmo cardiaco, vómito, llanto, malestar estomacal o sonroje. Una vez reconocido esto, hay que preguntarnos: “¿estoy por perder control de mi mismo?”, de ser el caso, necesitamos encontrar una actividad que nos ayude a recuperar tranquilidad. Esta actividad debe de ser algo que siempre nos sea accesible, como respirar, aislarnos por un momento, tomar agua, etc. Una vez tranquilos nos preguntamos: “¿Que sucedió para que mi cuerpo respondiera de esta forma?”. Cuando nos hacemos esta pregunta estamos teniendo un diálogo con nosotros mismos y dando la oportunidad de conocernos, escucharnos y valorarnos. Cuando tenemos identificado lo que sucedió, reconocemos más fácilmente la emoción.

Hecho esto, podemos expresarlo si lo consideramos necesario. Es importante recordar que para enseñarle a nuestros hijos a tener un buen manejo emocional, expresarles lo que sentimos y modelarles un manejo emocional asertivo es esencial.

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